​¿Qué tienen en común un profesor de escuela, un veterano de guerra y un abogado? Simple, ellos son la misma persona.

Xavier A. Méndez, dueño de las Oficinas Legales de Xavier Méndez en El Paso, Texas nació y creció en Puerto Rico. Sus padres le enseñaron que a través de trabajo duro y determinación todo era posible, un principio que él ha aplicado a través de su vida, en la escuela, en la milicia y en la corte.

Méndez comparte, “Para cuando yo tenía cinco años, ninguno de mis padres había graduado la escuela secundaria”.  Mi papá había terminado su educación primaria y mi mama dejó la escuela para casarse a la edad de 15 años. Ellos migraron a la ciudad de Nueva York en los años setentas donde experimentaron las dificultades de ser una familia de inmigrantes sin una educación formal”.

En 1980, el año en que nació, la familia de Xavier regreso a Puerto Rico. Su padre, en ese entonces desempleado con un hijo y una esposa embarazada tuvo que empezar desde cero. Esas desventajas formarían las bases para la formación del carácter de Xavier.

“Fue durante esos tiempos difíciles que aprendí las dos lecciones más importantes de mi vida: No permitas que las circunstancias interfieran con tus sueños y que uno solo puede guiarse por el ejemplo. Mis padres jamás me pidieron que hiciera algo que ellos no harían”, añade. “Recuerdo a mi madre decirme que la educación era algo que nadie me podía quitar. Mi padre era un mecánico autodidacta y mi madre, en ese entonces estaba inscrita en una escuela nocturna. A través de trabajo duro y grandes sacrificios, mi padre completó su escuela secundaria. Mi madre fue más lejos y termino sus estudios post graduados”.

Los padres de Méndez hicieron aún más que darle un buen ejemplo de superación, ellos criaron a un soñador, un visionario, a un líder confiable. El era aún un adolescente cuando se enlistó en la reserva del ejército de los Estados Unidos. “Cuando yo vi por primera vez el examen para entrar en el ejército, me pareció que estaba escrito en chino. Yo hablaba muy poco inglés en ese entonces. Respondí la mayoría de las preguntas al azar. Debió ser cuestión de suerte, pero logré pasar el examen por un uno por ciento”.

Sin embargo, el reto real vendría meses más tarde cuando él se reportó al campo de entrenamiento no sabiendo casi nada de Inglés.  “Por casi un mes comí exactamente lo que la persona en frente de mí en la línea de la comida. Si el de enfrente pedía meatloaf, todo lo que yo podía decir era –“Lo mismo por favor”“Yo sabía que si yo quería lograr salir adelante en ese campo de entrenamiento, no podía depender de otros ni tampoco de la suerte. Un hombre crea su propia suerte”.

Continúa, “Ellos te daban este libro en el campo de entrenamiento que tiene todas las lecciones y destrezas que tienes que lograr para graduarte.  Cada noche cuando todos se iban a la cama, yo me mantenía despierto estudiando en el único lugar en las barracas donde ningún sargento iba a molestarte, el baño.  Aún puedo sentir cada músculo de mi cuerpo adolorido después de un día de entrenamiento, mis ojos pesados mientras me esforzaba por leer.

Según los días iban pasando, mi inglés iba mejorando dramáticamente al igual que la confianza en mí mismo.  Empezaba a ocupar roles de liderazgo. Para el final del entrenamiento, no solamente me las había arreglado para sobrevivir, pero para mi sorpresa y quizá para la sorpresa de todos los demás, me gradué con las calificaciones más altas de todo el grupo”.

​El trabajo duro en el ejército no sólo le dio a Méndez el honor y distinción en el día de la graduación, también le dio dirección a su vida y el impulso que él necesitaba para triunfar en la universidad. “El estar lejos de casa y enfrentar el sufrimiento en un campo de entrenamiento militar es un gran reto y el no hablar bien inglés multiplica esa desventaja por diez”.

En ese entonces, Xavier había decidido ser un profesor de inglés para así poder ayudar a otros a expandir sus horizontes y triunfar en la vida.  “El arte de enseñar es un proceso mágico de dar y recibir; entre más das, más recibes a cambio. Muchos de mis estudiantes son ahora profesionistas en diferentes disciplinas. No puedo expresar lo sublime que se siente cuando alguno de mis pasados estudiantes me detiene en la calle y me agradece por haberlo inspirado a triunfar”.

Méndez pronto se daría cuenta que, aunque el amara la doctrina pedagógica y estuviera teniendo tanta satisfacción personal, él necesitaba hacer algo más si quería explotar todo su potencial. “Hay momentos en la vida cuando sientes el llamado a lograr algo de más alto impacto”. 

El se registró en la escuela de derecho de la Pontificia Universidad Católica  de Puerto Rico y continuó dando clases de inglés en sus tiempos libres. Su experiencia de vida, historial en el ejército y su inmenso deseo de triunfar, le dieron a Méndez ventaja sobre sus compañeros.

“Yo estaba prosperando mucho en la escuela de leyes y viendo hacia adelante con mucho entusiasmo a mi último año, cuando recibí órdenes para irme a la Guerra en Irak”.

La mirada de Méndez parece perderse a través de la ventana de su oficina como si arrastrara una memoria distante… “Cada adversidad contiene la semilla de una bendición equivalente” él dice aún mirando a través de la ventana. Luego me mira y continúa, “mi vida iba en piloto automático hacia un futuro brillante.

Estaba disfrutando cada segundo cuando de pronto todo se interrumpió abruptamente. Siempre supe que ese día llegaría. Yo tenía un deber y estaba preparado para responder a su llamado, pero tengo que admitir que fue duro dejar ir todas las bendiciones de las que estaba disfrutando en ese momento”.

“Irak ha sido una de las experiencias que más marcó mi vida. Fue ahí cuando el tema de inmigración tomó una cara humana por primera vez. Mientras algunas personas huían de la calamidad de la guerra, otros llegaban de países que estaban en una situación aun peor. Ellos eran trabajadores sub-contratados para hacer aquellos trabajos que los soldados ya no harían, como cocinar, lavandería entre otros.

Conocí infinidad de ellos y escuché sus historias. Eran gente común y corriente, como usted y yo, entrando en una tierra devastada por la guerra, armados únicamente con sus esperanzas de un mejor futuro para ellos y sus familias. Fue a través de sus  historias que me di cuenta que la inmigración es una parte integral de la naturaleza humana. Hay quien dicen que la vida es un viaje… y realmente lo es”.

Después de servir un año en Irak, Méndez regresó a Puerto Rico y terminó la escuela de abogado. Tres meses después, estaba destacad en el fuerte Bliss, en El Paso, Texas. “Era tan irreal manejar en la carretera interestatal, mirar por la ventana y ver México, luego voltear hacia la otra ventana y ver a los Estados Unidos.

Me fascinaba tanto el hecho de que uno pudiese caminar de un país al otro, que tenía que ir y verlo por mí mismo.  En esos días, los soldados teníamos prohibido cruzarnos a Ciudad Juarez, México, así que yo estacionaba el auto en el centro de la ciudad de El Paso, caminaba hacia el puente internacional y pasaba horas viendo a la gente, estaba asombrado”.

El ver cientos de personas viniendo a través del puente parecía surreal para Méndez, pero eso no terminaba ahí. “Yo me paraba en el lado izquierdo del puente a ver la gente viniendo de México, luego cambiaba al lado derecho para ver a las personas abandonando los Estados Unidos. Recuerdo intentar hacer contacto visual con ellos mientras caminaban a ver si así podía captar una idea de lo que ellos estaban sintiendo.

Algunos iban muy exhaustos como para darse cuenta de que yo estaba ahí, algunos no me miraban pero no me veían, pero algo mágico pasaba con aquellos que me miraban y me regresaban la sonrisa.  Independientemente de a que dirección iban, de su género, edad, color… cuando hacíamos contacto visual, podía verme a mí mismo en ellos. Yo también tuve que inmigrar en busca de un sentido para cumplir mi destino”.

​Una vez más la vida reveló el futuro a los ojos de Xavier. Siete años tuvieron que pasar para que Xavier terminara su servicio militar y ver su más grande sueño hecho realidad: establecer una exitosa práctica legal de inmigración en El Paso, Texas.

“Esta es la parte de la historia que se convierte en presente mientras hablamos. Ha sido un viaje largo para llegar a donde ahora me encuentro, este es el amanecer de un nuevo comienzo”.

Sentada muy cerca de Méndez mientras envía su mensaje final a su audiencia, uno puede sentir esa fuerte energía de un hombre con una visión clara del futuro; una persona quien tiene un compromiso honesto por los demás y quien ama lo que hace para vivir. 

“En esta oficina hemos hecho un compromiso de ofrecer el servicio legal más transparente y eficiente de inmigración. Seremos la voz de quienes no tienen voz.

Independientemente de su edad, raza, género, orientación sexual, afiliación política o creencia religiosa, si usted tiene un deseo genuino de triunfar en la vida y está dispuesto a hacer todo lo que legalmente se necesite para asegurar un mejor futuro para usted y sus seres queridos, yo soy su abogado de inmigración”.

“¡Espero poder ser el primero en darle la bienvenida a la major parte de su vida, su vida en los Estados Unidos!”